El derecho a ser libre.
El otro día estaba caminando sola por la calle y
como ya es costumbre para cada mujer, unos hombres me gritaron cosas sobre mi físico.
Sinceramente no solo me parece desagradable y sumamente irrespetuoso que estas
cosas sucedan, si no que me causa impotencia y tristeza que las mujeres sean
vistas como algo débil dentro de la sociedad. Aunque no sea de mi agrado, hoy
en día la vestimenta de las mujeres infiere mucho en la imagen que los hombres
construyen sobre estas. Si una mujer al vestirse, deja ver sus tetas o su cola,
ya es una ‘regalada’ . No es así. Realmente no es así. Tanto las mujeres como
los hombres tienen todo el derecho del mundo de salir vestidos como quieran a
la calle sin ser juzgados. Que a una mujer le guste mostrar su cuerpo no le
otorga el derecho al hombre de tocarla. Lo mismo al revéz.
Ser mujer y caminar sola por la calle, significa
exponerse a esto, a que los hombres te miren sin ningún tipo de respeto ni de
filtro. ¿Por qué las mujeres se tienen que limitar a hacer lo que desean? Pero claro,
como no nos vamos a ver limitadas si cada vez que le contás a alguien que te
gritaron en la calle te preguntan ¿Pero que tenías puesto? Y como si fuera
poco, luego de esa pregunta totalmente ilógica te responden “Ah y sí vos
también, no podes ir en bolas por la calle”. Este es el claro ejemplo, de cómo la
sociedad tapa un problema. La gente, hombres y mujeres deberían poder ir “en
bolas por la calle” sin miedo alguno de ser violad@/raptad@/secuestrad@.
Candela Lopez Segura
Cande,
ResponderBorrarEs cierto el problema que planteás, y está relacionado con el machismo. Es cierto que estos tratos que reciben las mujeres, que no deberían recibir, la gente los liga a su forma de vestir, como si de eso se tratase y como si fuese su culpa. El problema no está en cómo deciden salir a la calle, sino en cómo las tratan. ¿No vemos algunos hombres sin remera en las calles en verano? ¿Y los tratan igual? El machismo, que está presente en muchos aspectos de la sociedad en que vivimos, no nace con uno sino que se aprende, ya sea en el hogar, en la escuela o en el entorno social. Creo que la forma de combatirlo es no enseñarlo a los jóvenes ni alimentarlo. No se puede cambiar de un día para otro, pero sí pienso que se puede cambiar.