martes, 30 de mayo de 2017

La Religión como un sólido en proceso en licuefacción
Por Bautista Olivera Urbaneja
La religión ha sido, desde tiempos remotos, uno de los pilares de la sociedad alrededor del globo. Presente en diferentes formas y sin relación al principio unas con otras, ha logrado movilizar poblaciones enteras en su accionar y en su moral, desarrollando conceptos como “el bien y el mal”, sacrificios y recompensas, y sacrilegios y puniciones, ha marcado el curso de la vida de millones hasta el día de hoy. En relación a lo planteado por Zygmunt Bauman en Modernidad Líquida, la religión ha sido un sólido omnipresente. Sin embargo, este sólido ha comenzado un proceso de licuefacción que lo está modificando, no en su totalidad, pero en una medida considerable.
Habría que empezar analizando la religión en la antigüedad. Antes de que se intercomuniquen las civilizaciones en todo el mundo, cada una tenía su propia religión. Las poblaciones americanas, antes de la conquista, veneraban a sus dioses como seres superiores con poderes supremos, y les ofrecían sacrificios para obtener su aprobación y su ayuda en, por ejemplo, las cosechas o las batallas. De manera similar, en Escandinavia tenían dioses con cualidades parecidas a los americanos que los podían apoyar o no. Ofrecían parte de sus bienes a ellos para conseguir el éxito en lo que hagan, ya que los dioses eran omnipresentes. El cristianismo, por otro lado, afirmaba que Dios dictaba el destino de la gente. Su mensaje era claro: pon la otra mejilla en vida y serás recompensado después de la muerte. Los griegos tenían sus dioses con su influencia sobre la vida de la gente; cuyas ideas fueron tomadas por los romanos; y en Asia hay una incontable cantidad de dioses, sólo teniendo en cuenta aquellos pertenecientes al hinduismo. Está claro que las doctrinas religiosas dirigían el curso de las sociedades. A su vez, había cosas que no estaban admitidas, y su incumplimiento suponía un castigo. Hacer enojar a los dioses indicaba una maldición para los escandinavos; y profanar la palabra de Dios podía enviar a uno al sufrimiento luego de la muerte. La religión era un recurso imprescindible por los gobernantes, ya que con la religión y sus comandos podían asegurarse la obediencia de sus subordinados, ya que podían encomendarles órdenes respaldadas por la religión, o bien podían imponer prohibiciones de la misma manera. Su figura muchas veces estaba relacionada directa o indirectamente con aquellos seres superiores. Esta es la base de las monarquías absolutistas.  
Posteriormente, las sociedades se relacionaron, y el choque de religiones fue colosal. La conquista de América por parte de los imperios europeos y la imposición del cristianismo prácticamente erradicó a las religiones originarias, por ejemplo. El cristianismo en particular reemplazó las religiones politeístas escandinava, griega y romana, y ocupa prácticamente toda Europa y América, así como partes de África. En la actualidad, el judaísmo está presente en todo el mundo, al igual que el cristianismo; y grupos religiosos están intentando imponer el islam por la fuerza en sectores de oriente medio.  De todas formas, hay lugares que aún conservan sus propias religiones, como la India.
Luego de la expansión de ciertas religiones y de la extinción de otras, la sociedad siguió siendo dirigida por doctrinas. Tomaré como ejemplo el cristianismo en detalle porque ha sido de las más influyentes y de las más abarcadoras en cuanto a países. Comprende gran parte de Europa y de América. Sus mandamientos estuvieron presentes por muchísimos años. La gente no admitía la homosexualidad o las relaciones premaritales, por dar unos ejemplos. Se iba a la Iglesia los domingos y se rezaba para dar gracias o para rogar o pedir perdón. Los curas, obispos, arzobispos eran sumamente poderosos e influyentes en la sociedad y en la política. Es, sin duda, uno de los sólidos más importantes en la historia de la humanidad el de la religión.
Pero, como planteó Bauman, estamos en la modernidad líquida, en la cual los sólidos están en proceso de licuefacción. El sólido descrito anteriormente no es la excepción. Se están derritiendo algunos factores, algunos otros son modificados, pero otros quedan. Se dejó de lado la idea de que Dios dirige el curso individual de cada persona. A partir del movimiento de la Ilustración, se abraza la idea del hombre como hacedor de su destino y como el centro de su existencia. Los castigos que le sucederían a aquel que faltase a la palabra de Dios, hoy no son un obstáculo para la mayoría. Hoy la gente se divorcia, tiene relaciones antes de consumar el matrimonio, y están más abiertos a la homosexualidad, así como al ateísmo y al agnosticismo. Ya no son condenadas estas ideas. Esto no es absoluto, ya que existen grupos conservadores que, bajo ningún concepto, admiten esto (con la enorme cantidad de personas en el planeta, nada puede ser ya algo absoluto) . Además, hoy en día no se mata a quien no forma parte; por supuesto, no por parte de la Iglesia como tal, sino por grupos puntuales a quienes la Iglesia no reconoce. Esto es la licuefacción del sólido religioso. Dentro de lo que perdura están las actitudes o mandamientos condenados como el “no robar”, “no matar”, entre otros. Perduraron los sacramentos, como el bautismo y la comunión, pero quien los realizó tiene la posibilidad de desligarse de ellos si así lo desea. Algo que perduró es la idea de la ida al “Cielo” o al “Paraíso” al morir, en caso de haber sido fiel a la palabra de Dios . Esta idea fue la que dirigía el comportamiento de muchos, ya que representaba un consuelo para muchos en sufrimiento, y la contrapartida del “Infierno” para quienes no respeten los divinos mandamientos acondicionaba el accionar de muchos. Hoy se sigue creyendo esto dentro de la fe cristiana, pero no siempre es lo que moviliza a los devotos.
En conclusión, en la modernidad líquida, el sólido de la religión no escapa de la licuefacción. Se han derretido factores, otros se han modificado, y algunos han sobrevivido al accionar de los líquidos. Si lo que sucedió mejoró al sólido, o no, queda en juicio del lector. 


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