lunes, 18 de septiembre de 2017

El Juego de la Vida
            La vida es un juego, un juego que se nos enseña desde que nacemos. Ya desde ahí empezamos a jugar. El primer rol del jugador tipo, su primera tarea es hacer reír, sacar sonrisas, transmitir ternura y llorar hasta el punto de que la gente no nos aguante. Pasamos unos años sin hacer nada, mirando, y sin saberlo, de a poco vamos aprendiendo las reglas del juego. Estas tienen que ser cumplidas o se puede llegar a sufrir una dura penalización. Y vamos entendiendo varios de esos códigos, de esas reglas, e intentaremos respetarlas por siempre. Entramos a la escuela, donde se nos educa para ser mejores jugadores que los del pasado. Pasamos nuestros primeros 18 años aprendiendo para participar del juego. Después llega el momento de decidir qué rol queremos tener simplemente por el resto de nuestras vidas para que este siga funcionando, aunque siempre haya algún que otro rebelde. Es nuestra supuesta primera decisión propia, con la que cargaremos el resto de nuestras vidas. Acá es cuando se termina la etapa de formación y se nos larga a jugar al 100%.
            Dentro de este juego existe un tipo de papel que tiene un valor irreal. Es un símbolo que otorga el poderío a los jugadores. Pasamos la mayor parte de nuestro tiempo esforzándonos, dándolo todo para que su número en la cuenta crezca y así tener la capacidad de intercambiar cifras por objetos que nos pondrán en una mejor posición frente a los demás. Este es el objetivo del jugador una vez que cree que elije su rol. Crecer económicamente, dentro de lo que a uno lo hace “feliz”.
Nos pasamos la vida yendo a los distintos lugares creados por anteriores jugadores para abastecernos y sobrevivir, unos lugares al que no podemos no ir porque es la única opción que nos da el dueño de este juego, el dueño del juego más jugado a nivel mundial, a quién la gente lo conoce como “Sistema”. Abajo suyo hay otros con mucho poder, poder económico, social o político, jugadores con poder sobre otros jugadores, poder que es dado por estos mismos. Simples piezas sobre el tablero que son supuestas como mejores, mas importantes que los demás, pero la verdad es que están hechos de lo mismo.
            Y jugando a esto es que nos pasamos todo nuestro tiempo en el reloj de arena. Luchando y compitiendo contra otros para llegar más lejos. Haciendo alianzas, lo que sea necesario para superar a otros, o siendo pasivos. Nos la pasamos jugando hasta llegar al final, queriendo que quede una linda imagen de nosotros. Pero cuando el ultimo grano de arena cae y se termina nuestro turno, una mano que aún no se sabe con certeza científica quién o qué es, pero ese denominado “ser superior”, da vuelta el reloj y pasa a ser el turno de otro.

FELIPE

2 comentarios:

  1. Interesante, una forma rara para ver e interpretar "la vida". La metáfora con el juego de mesa es válida y te hace reflexionar sobre la sociedad en la que vivimos al igual que hacernos pensar que rol cumplimos en este "Juego" que jugamos y si nosotros lo elegimos, y de intentar de ser los mejores en este rol que nos toca cumplir. ¿Podemos salir o cambiar el “Juego”? esa es la pregunta que se me viene a la mente, y creo que la respuesta es no, ya que esta forma de vivir, de “Jugar” esta inculcada en la sociedad y está inmersa en una infinidad de redes complejas llamada el sistema.

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  2. Muy interesante la forma en la cual explicaste brevemente la VIDA.
    Me gusto como fuiste describiendo las etapas y los objetivos de cada jugador/individuo. Tambien, hubiese estado bueno si explicarías que a veces, hay movimientos en falso (haciendo referencia a los problemas que se enfrentan durante el juego) y que además nosotros no controlamos el 100% de nuestro juego.

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